¡Oh, maravilloso nuevo mundo que alberga tales criaturas! / Huxley y el mundo feliz

De las palabras de Miranda, personaje que brota de la pluma de Shakespeare en La Tempestad, extrae el británico Aldous Huxley el título de su Brave New World (Un mundo feliz), obra publicada en 1932, que evoca una hipotética sociedad futura en que los seres humanos son condicionados desde que nacen para que lleguen al punto de amar su propia esclavitud, considerándose plenamente felices.

Huxley proyecta bellamente un entorno artificial en que somos seleccionados genéticamente constituyendo cinco categorías de población: los Alpha (la elite), los Betas (los ejecutantes), los Gammas (los empleados subalternos), además de los Deltas y los Epsilones (destinados al trabajo arduo). Sin duda, juega un importante papel la eugenesia, una filosofía que, con el acicate del darwinismo social, apostaría por un natalismo selectivo, una mejora de los seres para que puedan rendir mejor.

“El amor a la servidumbre solo puede lograrse como resultado de una revolución profunda, personal, en las mentes y los cuerpos humanos”, asegura él mismo, convencido de la importancia del condicionamiento aplicado a los niños prácticamente desde que nacen. En la ficción, la técnica utilizada es la hipnopedia, con la que se experimentó en su momento sin demasiado éxito, puesto que las personas a quienes se transmitía información oral —mientras dormían— podían recordar ciertas cosas a la perfección pero no tomaban conciencia de lo mismo, es decir, “no se puede aprender una ciencia a menos que se sepa de qué se trata”.

Por otro lado, con objeto de lograr este control, es vital que una ciencia avanzada se anticipe a las naturales divergencias que desde siempre existen entre los seres humanos, sencillamente por el hecho de que “las clavijas redondas en agujeros cuadrados tienden a alimentar pensamientos peligrosos sobre el sistema social y a contagiar su descontento a los demás”, como bien dice Huxley.

© Varvara Perekrest

© Varvara Perekrest

Además, “si por desgracia se abriera alguna rendija de tiempo en la sólida sustancia de sus distracciones, siempre queda el soma: medio gramo para una de asueto, un gramo para fin de semana, dos gramos para viaje al bello Oriente, tres para una oscura eternidad en la Luna”.

Existe un dominio sobre estas castas a través del monopolio del placer, un placer vacío, puramente evasivo, como se puede ver en el soma —droga que abstrae al ser de la realidad circundante cuando algo no termina de encajar— o en el sensorama, una especie de cine a través del cual se proyectan historias banales que el propio espectador puede sentir. De esta manera, controlando todas las entretelas de la sociedad, los siervos llegan a amar su esclavitud, y eso mismo les hace convertirse en el mejor soporte para un totalitarismo infame.

El arte pierde entonces toda la esencia existencial que lo hace tan necesario para replantearnos qué somos y se convierte en un instrumento de dominación más que, unido a los otros, logra un profundo alienamiento del individuo. De hecho, como cuenta la novela, algunos amantes del arte murieron defendiendo los museos cuando este régimen tiránico comenzó a establecerse. Sin duda Huxley da con la tecla, aplicando lo artístico a fines puramente lúdicos y arrebatándole toda la dimensión que pueda existir más allá de la distracción. No puede tratarse de una Utopía si se nos presenta un mundo en que la creación artística, como es entendida hoy día, es eliminada por completo y se convierte en una especie de recreación, un trabajo destinado al puro enajenamiento. Por ello y por muchos otros factores, habría que definir la atmósfera proyectada como Distopía, o Utopía indeseable en sí misma.

Un alumno que tuvo durante un año en la universidad de Eton (Berkshire, Inglaterra), llamado Eric Blair, que más tarde publicaría bajo el seudónimo de George Orwell, también tuvo su particular ocurrencia al respecto, otra idea de control tiránico que depositó en forma de novela, pero lograda por una vía muy distinta. En el futuro de 1984 la dictadura totalitaria interfiere hasta tal punto en la vida privada de los ciudadanos que resulta imposible escapar a sus vigilantes ojos; el gobierno utiliza en este caso la violencia como herramienta de intimidación y control.

— Liberarse de todo lo desagradable en lugar de aprender a soportarlo. “Es más noble soportar en el alma las pedradas de las flechas de la mala fortuna, o bien alzarse en armas contra un piélago de pesares y acabar con ellos enfrentándose a ellos mismos…” Pero ustedes no hacen ni una cosa ni la otra, ni soportan ni resisten, se limitan a abolir las pedradas y las flechas. Es demasiado fácil.

Esto ha sido extraído de una parte de la conversación que tiene el salvaje en Brave New World, sacado de uno de los pocos lugares por civilizar de la tierra y depositado en la extraña Utopía en que se ha convertido, mientras tiene una conversación con el interventor mundial.

En realidad lo que plantea el aborigen tiene que ver con situar el placer de la mano del dolor, algo así como decir que sin sufrimiento el disfrute no sería real, la vida se convertiría en algo demasiado superfluo, y los seres humanos más que vivir, sobrevivirían. Profundamente calado por la lectura de Shakespeare, encontrando en sus personajes un romanticismo que parece haberse diluido totalmente en el tiempo, más adelante prosigue.

—Es que a mí me gustan los inconvenientes.
—A nosotros no —dijo el interventor—. Preferimos hacer las cosas con comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, peligro real, libertad, bondad y pecado.
—En suma —dijo Mustafá Mond—, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
—Muy bien, de acuerdo —dijo el salvaje, en tono de reto—. Reclamo el derecho a ser desgraciado.
—Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, a ser piojoso, a vivir en el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho, en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
—Reclamo todos estos derechos —concluyó el salvaje.
Mustafá Mond se encogió de hombros.
—Están a su disposición.

En el fondo, la vida actual cada vez se asemeja más a la proyección de Aldous Huxley, las medicinas son más sofisticadas y aplacan el dolor prácticamente al instante, la cirugía se perfecciona hasta el punto de que ciertas personas pueden dilatar décadas los signos de la vejez, y existe la televisión, un instrumento profundamente alienante y mundialmente popular.

Al visionario le pareció que la Utopía se hallaba más cerca de nosotros de lo que nadie hubiese podido imaginar quince años atrás, por eso decidió situarla para dentro de seiscientos años en el futuro:

“Hoy parece imposible que tal horror se implante entre nosotros en el plazo de un solo siglo. (…) Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, sólo podremos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el terror que suscita la bomba atómica (o, si la guerra es limitada, la perpetuación del militarismo); o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultaría del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la Utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto”.


Más publicaciones de Fernando Gil Llobat.

Anuncios

2 comments

Comparte tus reflexiones:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s